XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio(Mc 7, 31-37)

Saliendo de las tierras de Tiro, Jesús pasó por Sidón y, dando la vuelta al lago de Galilea, llegó al territorio de la Decápolis.  Allí le presentaron un sordo que hablaba con dificultad, y le pidieron que le impusiera la mano.Jesús lo apartó de la gente, le metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. En seguida levantó los ojos al cielo, suspiró y dijo: «Effetá», que quiere decir: «Abrete. » Al instante se le abrieron los oídos, le desapareció el defecto de la lengua y comenzó a hablar correctamente. Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más insistía, tanto más ellos lo publicaban. Estaban fuera de sí y decían muy asombrados: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»”

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Santa Faustina anotó en su Diario (D. 1663, 55)

Mira Mi Corazón lleno de amor y de misericordia que tengo por los hombres y especialmente por los pecadores.

Camine por la vida haciendo el bien para que yo pueda escribir en las páginas de su vida: “Vivió haciendo el bien”.

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  • Jesús quiere que mi corazón tenga la forma de Su Corazón misericordioso.  Por eso también me está dirigida esta invitación: Mira en Mi Corazón y ve allí el amor y la misericordia que tengo por la humanidad, y especialmente por los pecadores. 
  • ¿Es mi mayor preocupación llegar a ser como Jesús?
  • Le pediré al Espíritu Santo la gracia de que las páginas de mi vida también digan: Pasó su vida haciendo el bien.