«Hoy durante la ceremonia pascual, vi al Señor Jesús [en] un gran esplendor;
se acercó a mí y me dijo: Paz a ustedes, hijos Míos, y levantó la mano y nos bendijo.
Las llagas de las manos y de los pies, y del costado no estaban borradas sino resplandecientes
(…) mi alma se llenó de alegría y de júbilo indescriptibles.
Mi corazón se fortaleció para la lucha y los sufrimientos.»
(Diario, 205 y 1067)
Queridos Apóstoles de la Divina Misericordia
En este tiempo festivo, Jesús Resucitado y Misericordioso viene a cada uno de nosotros con el don de la paz. En sus heridas resplandecientes reconocemos el Amor que atravesó el sufrimiento, la muerte y el sepulcro para permanecer con nosotros para siempre como fuente de vida y esperanza.Que la contemplación de las heridas glorificadas de Jesús les introduzcan cada vez más profundamente en el misterio de la Misericordia de Dios, que nunca se aleja de la debilidad humana, sino que la transforma con su gracia.
Les deseo que experimenten y descubran cada vez más profundamente que la misericordia de Dios se manifiesta plenamente allí donde el hombre experimenta su fragilidad, y que es precisamente allí donde el Resucitado viene con su bendición, con el poder de la vida nueva y con el don de la paz.
Oremos para que esta paz envuelva los corazones humanos, sane lo que está herido y una lo que está dividido; para que, a través de sus obras de misericordia y del testimonio de una vida de confianza en Dios, llegue allí donde reinan la inquietud, el miedo y la duda.
¡Que la paz del Resucitado more en sus corazones, les fortalezca en la vida cotidiana y se convierta en el regalo que lleven al mundo!
Hna. M. Emanuela Gemza ISMM
con las Hermanas del «Faustinum»
Cracovia-Łagiewniki, Pascua de 2026
