Orando por los difuntos

Un nuevo mes – noviembre – ha comenzado. Un mes en el que recordamos especialmente a los difuntos y contemplamos el misterio de la Comunión de los Santos. Orar por los muertos es una de las obras de misericordia más simples (también enumeradas en las 7 obras de misericordia espirituales).

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que hay tres estados de la Iglesia:
aquellos que somos peregrinos en la Tierra – es decir, nosotros, los vivos:
los muertos, que están en el purgatorio hasta su purificación;
y los que ya están en el cielo (cf. CIC 954, 962).
Todos juntos formamos una Iglesia.

Santa Faustina escribió: “Cuán grande es el amor que todos deben tener por la Iglesia. Como un buen hijo que ama a su madre y reza por ella, así toda alma cristiana debe rezar por la Iglesia, que es su Madre” (Diario. 551). En nuestra liturgia cristiana del primero de noviembre recordamos especialmente a la Iglesia que ya está en el cielo (es decir, a todos los santos, incluidos los canonizados); mientras que el segundo día de noviembre rezamos por las almas de los fieles difuntos, incluidas las almas del purgatorio.

La oración por los difuntos es muy importante, ya que estas almas no pueden ayudarse a sí mismas, aunque pueden apoyarnos (a los vivos) con sus oraciones. Santa Sor Faustina, en su Diario, describió su encuentro con un alma en el Purgatorio: “Una noche vino a mí una de nuestras hermanas que había muerto dos meses antes (…). La vi en un estado terrible: toda en llamas, el rostro contraído por el dolor. [La visión] duró un breve instante y luego ella desapareció (…). Pero no me detuve en mis oraciones. Después de algún tiempo volvió a mí durante la noche, pero estaba en un estado muy diferente, ya no estaba en llamas como antes, y su rostro estaba radiante, sus ojos brillaban de alegría. Me dijo que yo tenía verdadero amor por mi prójimo, que muchas almas se habían beneficiado de mis oraciones, y me animó a seguir orando por las almas del Purgatorio (…)” (Diario. 58). Escuchemos en nuestros corazones este pedido de oración de las almas y apoyémoslas.


En noviembre, hagamos un esfuerzo especial para pausar por un momento, permanecer en silencio
y orar por las almas.

Contemplemos el misterio de la unidad de la Iglesia terrenal y la Iglesia celestial.

Oremos por los difuntos.

Podemos aplicar la sugerencia del Diario, de hablar menos y en cambio usar este tiempo para orar por las almas. (… ) “A veces hablo demasiado. Para un asunto que podría ser solucionado con dos o tres palabras, yo empleo demasiado tiempo. Mientras tanto Jesús desea que ese tiempo yo lo emplee para pequeñas plegarias con indulgencias por las almas del Purgatorio. Y el Señor me dice cómo se sopesará cada palabra en el Día del Juicio (Diario. 274). También podemos orar con oraciones cortas y ardientes, como por ejemplo, «Te suplico, oh Jesús, que liberes a todas las almas del Purgatorio». (com. Diario. 240)

Que este mes de noviembre y nuestra oración por los difuntos nos recuerden que pertenecemos a una sola Iglesia y que luchamos por un mismo fin, que es la unión con Dios Misericordioso.