XXX Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio(Mc 10, 46-52)

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»
Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí». Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo». Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama». Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
Jesús le dijo: «¿Qué quieres que te haga?».
El ciego le contestó: «”Rabbuni”, que recobre la vista».
Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha salvado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

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Santa Faustina anotó en su Diario (D. 404, 1523)

Estoy muy contento de que hayas dado a conocer Mi bondad a las almas y las hayas invitado a amarme.
Amor eterno, llama pura, arde incesantemente en mi corazón y diviniza todo mi ser según Tu eterno designio por el cual me has llamado a la existencia y a participar en Tu eterna felicidad. Oh Señor misericordioso, me has colmado de estos dones únicamente por misericordia; viendo que todo lo que tengo me ha sido dado gratuitamente, adoro Tu bondad inconcebible con la más profunda humildad. Señor, el asombro me inunda el corazón [al pensar] que Tu, Señor absoluto, no necesitas a nadie y, sin embargo, por amor puro Te humillas así a nosotros. No dejo de asombrarme nunca cuando el Señor entra en una familiaridad tan estrecha con su criatura; es otra vez, su bondad insondable. Siempre comienzo esta meditación y nunca la termino, porque mi espíritu se sumerge en Él totalmente. Qué delicia es amar con todas las fuerzas de su alma y, a la vez, ser amada aún más, sentirlo y vivirlo con plena conciencia de su ser no hay palabras para expresarlo.

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➡ “Ánimo, levántate, que te llama”. Jesús está constantemente llamando y esperando una respuesta de mi corazón. ¡Quiere que hable al Cielo sobre mi vida y acepte gracia tras gracia!
➡ ¿Soy consciente de la grandeza de los dones que Dios me otorga?
➡ Doy gracias a Jesús por su generosidad y, junto a Sta. Faustina, adoraré Su bondad insondable.