Vida gris y monótona

En la vida de la hermana Faustina ningún día era parecido a otro. Su fe viva y su profunda relación con Jesús hicieron que en cada minuto de su vida viese una gracia irrepetible para crecer en el amor a Dios y a las personas que había puesto en su camino. Anotó en el Diario: Oh Bien Supremo, deseo amarte como hasta ahora nadie Te ha amado en la tierra.  Deseo adorarte con cada momento de mi vida y unir estrechamente mi voluntad a Tu santa voluntad.  Mi vida no es monótona ni gris, sino variada como un jardín de flores perfumadas, donde no sé que flor recoger primero; el lirio del sufrimiento o la rosa del amor del prójimo o la violeta de la humildad.  No voy a enumerar estos tesoros que cada día tengo en abundancia. Es una gran cosa saber aprovechar el momento presente (D. 296). 

Siguiendo el camino espiritual de la hermana Faustina, tratemos de vivir el tiempo que se nos ha confiado de esta manera. No “hasta el viernes” o contando los días para las próximas vacaciones. Dios quiere nuestra presencia, desea emprender desafíos diarios con nosotros y acompañarnos en el crecimiento espiritual. Él transformará nuestra vida gris y monótona del mismo modo que lo hizo con la vida de la Apóstol de la Divina Misericordia.