¿Qué haces?…

En la cuarta semana de Cuaresma, estás invitado a reflexionar sobre lo que haces con tus manos… ¿Cómo usas las dos manos que Dios te dio?

Muchas veces durante el día, te acercas a saludar a alguien, le das pan al hambriento y cierras la puerta de tu casa. Dos manos pueden abrazar, mostrar amor, bendecir y ayudar a otras personas, pueden aliviar del duro trabajo. Desafortunadamente, hay situaciones en las que lastimas a alguien con tus manos al infligir dolor físico, al golpear o con otro tipo de violencia física. Al mismo tiempo lastimas a otros y a ti mismo al destruir las relaciones mutuas. ¿Cúal es tu caso ¿Tus manos están acostumbradas a multiplicar el bien o a lastimar a otros?

En el “Diario” de Santa Faustina se lee sobre la imagen de Jesús Misericordioso: “Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho” (D. 47). Durante treinta años de vida oculta en Nazaret, Jesús trabajó duro y llevó a cabo trabajo físico, principalmente carpintería. Luego con sus manos bendijo, tocó a los enfermos y alimentó a los hambrientos. Aprovechó cada oportunidad para hacer el bien. Así es Dios…

Al observar lo que Dios hace, tú también puedes imitarlo y, como Él, ayudar a otros. La autora del “Diario” escribe: “No la grandeza de la obra sino la grandeza del esfuerzo será premiada” (D.1310). Este es el caso de los trabajos que requieren horas tediosas antes de acabarlos, y los efectos a veces solo se pueden ver después de un tiempo.

Cada vez que la pereza y el desánimo aparezcan en tu vida repite: “Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargue sobre mí las tareas más difíciles y más penosas” (D.163).

¡Ánimo!