“Mi casa es el cielo” (Diario 897)

La Fiesta de Todos los Santos, celebrada el 1 de noviembre, es un día especial para la Congregación de la Madre de Dios de la Misericordia. Junto con todos los santos del cielo nos alegramos del próximo aniversario de la fundación de nuestra Congregación.

Durante la meditación el Señor me dio a conocer el gozo del cielo y el de los santos que se alegran por nuestra llegada – escribió Santa Faustina. Aman a Dios como el único objeto de su amor, pero también nos aman a nosotros tierna y sinceramente; pero esta alegría fluye a todos del rostro de Dios, porque lo vemos cara a cara. Este rostro es tan dulce que el alma cae en un continuo éxtasis (Diario, 1592). Las gracias que le fueron otorgadas le permitieron confesar:

Con nostalgia miro las huellas de los santos, Que pasaron por este destierro a la patria, Dejándome ejemplos de virtud y sus consejos. Y me dicen: paciencia, hermana, Ya pronto caerán las cadenas (Diario, 1304).

Con motivo del 156 aniversario de la fundación de nuestra Congregación, invitamos a todos los devotos de la Divina Misericordia en espíritu de acción de gracias a adorar conjuntamente a Dios, que ha preparado grandes cosas para nosotros, por el carisma que le otorgó a la Hermana Faustina, por las muchas Hermanas que llevan a cabo la tarea de la difícil educación de las chicas de las Casas de la Misericordia. También por todas las personas que constantemente experimentan los milagros de la misericordia transformando sus corazones. Confiamos en que realizando nuestra vocación llegaremos al lugar que ha sido preparado para nosotros desde toda la eternidad  y entenderemos la admiración que Santa Faustina expresó en el Diario: San Pablo, ahora comprendo porque no quisiste describir el cielo y sólo dijiste que lo que el ojo no vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre anheló lo que preparó Dios para los que le aman. Así es, y todo lo que ha salido de Dios, a Él vuelve y le rinde una gloria perfecta. Y ahora, al mirar la gloria que yo rindo a Dios, ¡oh, qué miseria es! Es una pequeñísima gotita en comparación a la perfecta gloria celeste. Oh, qué buenoseres, oh Dios, que aceptas también mi adoración y diriges benignamente tu rostro hacia mi y me haces saber que Te es agradable nuestra oración (Diario, 1604).