La historia de una Imagen

 

Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca.
Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho.
De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido.
En silencio, atentamente miraba al Señor, mi alma estaba llena del temor,
pero también de una gran alegría. Después de un momento, Jesús me dijo:
Pinta una imagen según el modelo que vez, y firma: Jesús, en Ti confío.
Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y
luego
en el mundo entero. Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá.
También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y,
sobre todo, a la hora de la muerte. Yo Mismo la defenderé como Mi gloria.

El Diario de Santa Faustina numeros 47-48