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“Hoy he visto la gloria de Dios que fluye de esta imagen. Muchas almas reciben gracias aunque no lo digan abiertamente. Aunque su suerte varia, Dios recibe gloria a través de ella y los esfuerzos de Satanás y de la gente mala se estrellan y vuelven a la nada. A pesar de la maldad de Satanás, la Divina Misericordia triunfará en el mundo entero y recibirá el culto de todas las almas” (D. 1789).

Esta visión de la hermana Faustina es un consuelo para mí ante el brote actual del coronavirus. Cuando miro con confianza los ojos de Jesús Misericordioso en esta imagen, siento que el miedo y la incertidumbre sobre un mañana feliz desaparecen. Él sabe lo que hay en mi corazón y espera que se lo entregue. Me habla a través del “Diario” de Santa Faustina: “Prometo que el alma que venera esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte. Yo Mismo la defenderé como Mi gloria” (D. 48).

Virus, enfermedad, soledad, impotencia y muerte no son nada frente al poder de la gracia de Dios que fluye de esta imagen. Sin embargo, uno debe mantener la cuarentena, es decir, no dudar del amor y la misericordia de Dios, entonces nuestro sistema inmunológico espiritual se fortalecerá. Es necesario comer bien, es decir, alimentar nuestros corazones con la Palabra de Dios, la oración personal y familiar. Hay que evitar los estimulantes, es decir, las sensaciones y las noticias sobre la pandemia y cualquier acción imprudente, pero seguir las órdenes de las autoridades estatales y el servicio médico. Incluso si tengo que quedarme en casa y no puedo ir a la Eucaristía, siempre puedo conectarme espiritualmente con la comunidad de la Iglesia. También puedo usar la transmisión online y otros sistemas multimedia.

¿Quiero estar sano? ¿No quiero infectarme con el virus de la desconfianza o, peor aún, con la fiebre espiritual? Dios me da la medicina: “Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese recipiente es esta imagen con la firma:  Jesús, en Ti confío” (D. 327).

Junto con María, en la solemnidad de la Anunciación, quiero tomar esta medicina de Dios y escuchar la voz de Dios en mi corazón: “El día 25 de marzo durante la meditación de la mañana me envolvió la presencia de Dios de modo singular, mientras reflexionaba sobre la grandeza infinita de Dios y, al mismo tiempo, sobre su condescendencia hacia la criatura. Entonces vi a la Santísima Virgen que me dijo: Oh, cuán agradable es para Dios el alma que sigue fielmente la inspiración de su gracia.  Yo di al mundo el Salvador y tu debes hablar al mundo de su gran misericordia” (D. 635).

¡Así que mira a Jesús Misericordioso y no aumentará tu temperatura y ningún virus espiritual te derribará! ¡Confía en Él y estarás sano!