I Domingo de Cuaresma

Evangelio(Mc 1, 9-15)

En aquellos días, Jesús vino de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.

Y justo cuando salía del agua, vio los cielos abiertos y al Espíritu descendiendo como una paloma sobre él. Y vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el Amado; en ti tengo complacencia”. Y el Espíritu lo arrojó inmediatamente al desierto. Estuvo en el desierto cuarenta días, tentado por Satanás; y estaba con los animales salvajes; y los ángeles le servían. Después de que arrestaron a Juan, Jesús vino a Galilea y proclamó la Buena Nueva de Dios. Y diciendo: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

Santa Faustina anotó en su Diario (D. 1146, 1507)

“Que los más grandes pecadores [pongan] su confianza en Mi misericordia. Ellos más que nadie tienen derecho a confiar en el abismo de Mi misericordia. Hija Mía, escribe sobre Mi misericordia para las almas afligidas. Me deleitan las almas que recurren a Mi misericordia. A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden. No puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica Mi compasión, sino que lo justifico en Mi insondable e impenetrable misericordia. Escribe: Antes de venir como juez justo, abro de par en par la puerta de Mi misericordia. Quien no quiere pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia…”

“Que nadie dude en la bondad de Dios; aunque sus pecados fueran negros como la noche, la misericordia de Dios es más fuerte que nuestra miseria. Una sola cosa es necesaria: que el pecador entreabra, aun cuando sea un poco, las puertas de su corazón a los rayos de la gracia misericordiosa de Dios y entonces Dios realizará el resto. Pero, infeliz el alma que ha cerrado la puerta a la misericordia de Dios también en la última hora. Tales almas han sumergido a Jesús en una tristeza mortal en el Huerto de los Olivos; a pesar de esto de su compasivísimo Corazón brotó la misericordia de Dios.”

  • Por amor a ti, Jesús, el Hijo de Dios, permitió que Satanás lo tentara. Más tarde, comienza a predicar el reino de Dios y nos llama -a ti y a mí- a la conversión. ¿Cuál es su respuesta a estos esfuerzos de la misericordia de Dios mediante los cuales Dios busca nuestra salvación eterna?
  • ¿Estás agradecido con Jesús por los esfuerzos que ha hecho por ti?
  • Todos los días durante esta semana trata de abrir al menos un poco la puerta de tu corazón a los rayos de la Divina misericordia