Herida llena de Dios – Lección 4

Lección 4 – Carencia dolorosa

Niña Mía, haz el propósito de no contar nunca con los hombres (Diario 1487).

Cuando ya han sido descubiertos los sufrimientos que nos conciernen a nosotros mismos y las tentaciones que nos acechan y que ocultan la verdadera imagen de Dios, solo queda revelar aquello que es más evidente. Sor Faustina declara en pocas palabras: “me desprecian y rechazan los hombres, y especialmente aquellos con quienes tuve derecho de contar y además en los momentos de mayor necesidad” (Diario 1487). Se trata de una queja tan normal y simple, que cada uno de nosotros podría firmarla a diario. A pesar de tal simplicidad, sin embargo, sigue representando un dolor que no se puede aliviar fácilmente. Una cosa es que desde hace una semana no hayas recibido ninguna llamada comercial, y otra cosa muy distinta es que desde hace tiempo no nos haya llamado ningún hijo o hija. Tenemos el derecho de contar con nuestros seres queridos.

Al mostrar sus sufrimientos, santa Faustina sabe que se dirige a la Persona que conoce estas difíciles experiencias. También Jesús contaba con la cercanía y la oración de sus discípulos en el Huerto. Por eso, responde con comprensión: Yo sé que es un gran sufrimiento el de no ser comprendida y sobre todo por los que amamos y a los cuales manifestamos una gran sinceridad, pero que te baste que Yo te comprendo en todas tus penas y tus miserias (…), pero debes saber que los hombres no pueden comprender plenamente un alma, porque eso supera sus posibilidades.  Por eso Yo Mismo Me he quedado en la tierra para consolar tu corazón doliente y fortificar tu alma para que no pares en el camino (Diario 1487). Jesús señala el camino de la fe que es difícil, porque es diferente sentir que podemos apoyarnos en los hombros de un amigo, y otra cosa es creer que nos apoya la omnipotencia de Dios. Y aunque ambos hombros, el humano y el Divino, difieren mucho en el poder del que disponen, sin embargo nuestra naturaleza tiende a buscar la ayuda de las personas, no la de Dios. Por eso, esta herida de la desconfianza debe ser curada por Dios misericordioso. Y aunque a veces puede parecer que nuestro médico lo hace sin anestesia, cuando pensamos que tenemos derecho a que se nos aplique una anestesia profunda, hay que confiar en Él. Después de una breve “convalecencia espiritual”, sor Faustina pudo anotar: En los más grandes tormentos del alma siempre estoy sola: pero no sola, porque estoy Contigo, oh Jesús, mas aquí me refiero a los hombres.  Ninguna persona entiende mi corazón, sin embargo ahora eso no me extraña, pero antes si me sorprendía cuando mis intenciones eran condenadas y mal interpretadas, ahora eso no me extraña nada.  Los hombres no saben percibir el alma, ellos ven el cuerpo y juzgan según el cuerpo; pero los pensamientos de Dios están tan lejos de nuestros pensamientos como el cielo está lejos de la tierra  (Diario 1445).