Herida llena de Dios – Lección 3

Lección 3 – Tentaciones

 ¿Cómo puedes ocultarte tanto a un corazón que Te ama con tanta sinceridad (Diario 24)?

Otro paso decisivo, aparte de entregarle a Dios el desánimo y la falta de sentido que experimentamos cuando le hablamos de nuestros sufrimientos, puede ser el hecho de presentarle las tentaciones que aparecen en nuestros corazones en relación con Él. ¿Acaso podemos revelar lo que hay en nuestros corazones a alguien que no se interesa por nosotros? ¿O podremos abrirle el corazón a una persona que no puede ayudarnos? ¿O nos abriremos delante de alguien que nos condena, se ríe de nosotros y nos da la espalda con desprecio? Con certeza la respuesta será NO. No obstante, si la imagen de Dios que tenemos al inicio de nuestra oración es así, debemos oponernos resueltamente a esta tentación, conscientes de que hay alguien que está muy interesado en que nos quedemos solos ante dicha tentación, que tratará de impedir que  la herida de nuestro sufrimiento no se llene con la misericordia de Dios. Como la hermana Faustina sugiere: Ahora he comprendido que lo que Satanás odia más es la misericordia; ella es su mayor tormento (Diario 764).

En el diálogo de Dios con el alma que sufre, aparece una frase muy sutil, que es un eco de las acusaciones que el espíritu maligno nos susurra contra Dios: Por serte fiel a Ti, me persiguen y me hacen sufrir mucho (Diario 1487). En otras palabras: me persiguen porque te soy fiel. Me causan mucho sufrimiento por tu causa. ¿Dónde estás, Dios mío? ¿Cómo puedes esconderte en un momento tan difícil? ¿Acaso estos son los pensamientos que pueden empujar al alma a descubrir sus tentaciones ante Dios? El “Diario” es una especie de registro del campo de batalla en el que han quedado grabados los gritos del enemigo, registrados en el alma combatiente: Un gran odio empezó a irrumpir en mi alma, el odio hacia todo lo santo y divino (Diario 24); Durante el día entero estuve atormentada por terribles tentaciones, me venían a la boca blasfemias, una aversión a todo lo santo y divino; no obstante luché todo el da (Diario 673); En aquel momento me sentí como si estuviera sola y me atacaron distintas tentaciones (Diario 1648).

En el proceso de revelar nuestros sufrimientos ante Dios, no podemos obviar aquellos sufrimientos que le atribuimos inconscientemente a Él. Incluso cuando es un reflejo de aquellas situaciones en las que nos advertían diciendo “Dios te va a castigar”. Y aunque puede ser muy difícil decirle a alguien de quien esperamos ayuda, que nos parece ser la causa de nuestro sufrimiento, no nos rindamos. Dios tiene el poder de dispersar todas las tentaciones que no nos dejan ver su infinita bondad, su amor y su presencia constante. Para nosotros, esto nos resulta muy necesario en el proceso posterior de acercarnos a Él con nuestros sufrimientos. Y del mismo modo como aplicamos el vendaje a una herida desinfectada, de forma similar las tentaciones contra Dios deben ser “desinfectadas” mediante su misericordia.