Escuchar la Palabra

Permanecer en oración crea en nosotros un espacio de silencio en el que la Palabra de Dios puede resonar. Por eso, la siguiente etapa en nuestra vigilia de Adviento con la Hermana Faustina será escuchar esta Palabra. La Palabra llega a cada uno individualmente, porque cada uno de nosotros es único, cada uno tiene su propia historia de vida y sus asuntos, con los que se acerca a Dios. Y solo Él sabe de lo que nuestro corazon esta sediento. Quizás sea:
No tengas miedo, Yo estoy contigo (D. 129),
Tú eres mi alegría, eres el deleite de mi Corazón (D. 27),
Tú eres una morada agradable para Mí, en ti descansa Mi Espíritu (D. 346).
O tal vez Dios quiere calmar tu sufrimiento físico o espiritual susurrando:
Hija Mía, tus sufrimientos ya no durarán mucho tiempo (D. 152),
todas tus miserias han sido quemadas en el fuego de Mi amor (D. 178).
Dios tiene una manera única de comunicarse con nuestro corazón: por una lectura “casual” de la Sagrada Biblia, una conversación o en la confesión. Incluso Su silencio puede ser “palabra” que nos anime a una mayor confianza y paciencia.

Pidamos al Espíritu Santo que abra nuestros oídos y nuestros corazones a la Palabra de Dios. Que nos permita escuchar lo que anhelamos, pero también aquello de lo que huimos. Ya que lo primero es: “Escucha, Israel” (Mc 12, 29).