¡Entrar en el ring! Segunda ronda

El primer error en una lucha espiritual puede ser pensar que tu oponente seguirá las reglas. He aquí algunas de las que regulan el comportamiento de los boxeadores en el ring:

  • no se puede golpear al oponente que ha caido mientras se levanta;
  • no se puede agarrar al  oponente mientras le golpeas;
  • cuando el juez interrumpe la pelea se debe dar un paso atrás; está prohibido dar golpes inmediatamente después de la separación;
  • en el caso de una lesión que impida que la pelea continúe,
  • el boxeador que cometió la falta queda descalificado.

No pienses que encontrarás alguna similitud en la vida espiritual, ni para conocer las reglas de la lucha ni para predecir el comportamiento del oponente. Él te golpeará, incluso cuando caigas bajo su primer golpe. No te permitirá retroceder unos pasos para recuperar el aire y respirar. Él te seguirá para asestarte otro golpe. Tu oponente actuará hasta el final de la existencia del mundo, a pesar de que ya ha sido descalificado. Por eso, al comienzo de la lucha, tu primera victoria será reconocer que él es más fuerte que tú. Eres pecador: débil, propenso al mal, a la condena, lleno de orgullo y egoísmo. No puedes ganar esta lucha solo, ni siquiera una ronda. Ves, niña Mía, lo que eres por ti misma – Jesús explicó a la hermana Faustina y la causa de tus caídas está en que cuentas demasiado contigo misma y te apoyas muy poco en Mi.  Pero esto no debe entristecerte demasiado; estás tratando con el Dios de la Misericordia, tu miseria no la agotará, además no he limitado el número de perdones (D. 1488). Por eso, lucha junto a Jesús: Él es más fuerte que tu oponente y te protegerá. Para cualquier cosa que hago, no cuento con mis propias fuerzas, sino con la gracia de Dios – confiesa la hermana Faustina – con la gracia de Dios el alma puede superar victoriosamente las más grandes dificultades (D. 287).