¡Adelante!

Justamente hoy celebramos el cuarto domingo de Pascua, la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

Queridos Apóstoles de la Divina Misericordia, la misión de sor Faustina es también nuestra misión. ¡Así que, adelante! Hoy, en el Domingo del Buen Pastor, Jesús nos invita a orar por las vocaciones y por la santidad de la vida consagrada a Dios: Confío a tu cuidado dos perlas preciosas de Mi Corazón, que son las almas de los sacerdotes y las almas de los religiosos; por ellas rogarás de manera especial (Diario, 531). El futuro de la Iglesia y las naciones depende de nuestras oraciones y de nuestros sacrificios, hechos con alegría y de forma voluntaria, por el aumento de las vocaciones en el mundo. Esta no es una exageración ni un modo de hablar, es una verdad. La salvación de muchas almas depende del celo apostólico de cada uno de nosotros, expresado en una constante oración por las vocaciones. De acuerdo con lo que escribió Sor Faustina en su Diario, santas vocaciones aumentan la bondad en el mundo: En Mis manos, las almas elegidas son las luces que arrojo en las tinieblas del mundo y lo ilumino. Como las estrellas iluminan la noche, así las almas elegidas iluminan la tierra y cuanto más perfecta es el alma, tanta más luz irradia en su torno y llega más lejos. Puede estar oculta y desconocida aún a las personas más cercanas, no obstante su santidad se refleja en las almas en los más lejanos confines del mundo (Diario,1601). Por lo tanto, pidamos al Señor de la Cosecha que envíe obreros a su cosecha (Lucas 10:2).