6° día de la novena

De verdad, el Espíritu Santo no habla a un alma distraída y charlatana, sino que, por medio de sus silenciosas inspiraciones, habla a un alma recogida, a un alma silenciosa (Diario, 552).

El silencio requiere coraje. El silencio revela todo aquello que nos resulta difícil de aceptar. Permanecer en el silencio significa estar dispuesto a luchar contra los obstáculos que el Espíritu Santo nos irá mostrando. Y como deseamos que nuestro corazón sea como el corazón misericordioso de Dios, tendremos mucho trabajo por delante, o mejor dicho, deberemos colaborar mucho. Tenemos que pasar de la distracción al recogimiento, y debemos cambiar nuestro hablar por los codos en un silencio interno. Entonces nos convertiremos en una herramienta multifuncional del Espíritu Santo.

¡Espíritu Santo, silencia el ruido que hay en mi corazón!