4º día de la novena

El amor expulsa el temor del alma. Desde que amé a Dios con todo mí ser, con toda la fuerza de mi corazón, desde entonces cedió el temor y aunque me digan no sé qué de su justicia, no le tengo miedo en absoluto, porque lo conocí bien: Dios es el Amor y su Espíritu es la paz. Y ahora veo que mis obras que surgieron del amor son más perfectas que las obras que cumplí por temor. He puesto mi confianza en Dios y no tengo miedo de nada, me he entregado totalmente a su santa voluntad; que haga de mi lo que quiera y yo, de todas maneras, Lo amaré siempre (Diario, 589).

El Espíritu de Dios es la calma, y ​​dondequiera que Él reina, no hay miedo – dice Sor Faustina. Esto significa que siempre que haya impaciencia, enojo, un miedo irrazonable o cualquier ansiedad, allí no está el Espíritu de Dios ni su amor. Nuestro corazón debe experimentar el amor incondicional de Dios, porque de lo contrario, buscará inconscientemente este amor en otras personas. Como el hijo pródigo que quería llenarse con vainas que eran comidas por los cerdos (cf. Lc 15, 1-32).

¡Espíritu Santo, quita el miedo de mi corazón y lléname de la paz que confiere Tu presencia!